viernes, 21 de junio de 2013

ODA A LOS HERMANOS DE LA MAR


EL MAR Y LOS MARINOS

 

Por: C/A Darío González (El Poeta de Judibana)

Mar de los caminos infinitos
donde mis estelas se han perdido
en busca de ciudades con torres y con cúpulas
que emergen poco a poco de las aguas.

Rodeado en los cuatros puntos cardinales
de horizontes sigilosos en fuga permanente
que son el reto diario que grita siempre avante
... que se pierde en la bruma pero que nadie alcanza.

Mar de los marinos desafiantes,
de la aventura tallada en los metales,
en las conchas se ha gravado tu canción
para que nunca se pierda entre las algas.

Allí dice la ciencia que comenzó la vida
que el hombre tuvo escamas en su etapa inicial
por eso hoy lo llevamos metido entre las venas
y vamos por océanos como pez en el agua.

Quizás hoy amanezca con tormentas y furias desatadas,
amenazando con tragarse todo lo que flote,
y vayamos de abismo en abismo entre las olas
mientras el cielo enlutese con la tarde.

El viento arremeta entre las jarcias para silbar
sus terribles tonadas donde aúllan los lobos de la muerte
y sea precisamente allí entre rayos y olas
cuando se temple el acero de las almas marinas.

Nadie sabrá jamás que magia tiene el mar
que hechiza y encadena a timones de fuego
en donde en cada viaje se queda algo de uno
pero siempre nos vamos a desafiar los vientos.

La vida del marino es de muchas renuncias
como lo dijera una vez el poeta Andrés Eloy,
en tierra se quedan los amores que amarran
que ermitaños a bordo nos quema el corazón.

Cuantos pensamientos desde el camarote frío
donde las inquietudes no terminan en el puerto,
el beso del adiós vuelve todas las noches
a embriagar los recuerdos con su añejado vino.

Unas veces nos anochece con Orión y Casiopea,
y otras amanecemos con la Osa Mayor y el Escorpión;
o en cielos cromados de fiesta en ortos y en ocasos,
o en densa neblina de pito, campana y radar en acción.

Cruzando meridianos, subiendo o bajando latitudes;
trazando marcaciones a faros en las costas,
hoy es la estrella Polar la que señala el rumbo,
mañana será la Cruz del Sur quien marca las derrotas.

Tal vez en pocos días estemos en Panamá,
pasemos por Florida y de allí para España
y viajemos al norte con bufanda y con guantes
y más luego a Brasil al calor de carnavales.

Propela y más propela para medir océanos,
fondear a la llegada o ir directo al muelle,
zarpar a medianoche sin calentar la cama,
buscar con ansiedad boyas de recalada.

Donde estaré mañana, eso nadie lo sabe,
ni cuando es el regreso al puerto de mi amor
pero volveré de nuevo como el eterno novio
pues nunca habrá rutinas con el tedio cansón.

Bancos de corales conformado por navíos y capitanes,
fiesta de bares y gaviotas una tarde cualquiera,
soledad que entumece los relojes y huesos
la luna se ha ocultado en la proa de polizonte.

Por eso en estas naves nos transcurren los años
y no nos damos cuenta del tiempo que se va
somos una unidad con el buque y sus palos
que viene a completarse con las olas del mar.

A lo mejor mañana, jubilados y ya viejos
nos acerquemos con la avidez de un niño a una playa
y sintamos quizás que su sal es el sudor nuestro
en las derrotas navegadas de puerto a puerto.

Entonces nos invada la nostalgia terrible
de infinitos azules, de espumas y de sol
y en los sueños seniles escuchemos sonriendo
caracolas que guardan los rumores del mar.

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